jueves, 31 de julio de 2014

El día de distancias


No se encontraron, esta vez, bajo la luz amarilla del costado del parque, ni entre luces de colores de una pileta de Providencia. Tampoco se vieron deambulando por una parte del casco antiguo del Santiago, ese que por ahí por los 1900, cobijaba a esa aristocracia de bigotes peinados y vestidos con falsos. No se tomaron de la mano por la alameda ni se durmieron por un instante en el pecho del otro, a la salida de algún metro de la ciudad. 
Tampoco pasó el desquiciado preguntando por las casas de putas y por cómo se le decía a la cabrona en la puerta: ¿Madamme? 
No weon, ¡Madmuaselle!

No se sostuvieron, abrazados frente a una cámara de fotos, sonriendo para la posteridad ni se besaron al costado de la laguna chica del O'Higgins. (Cómo odia ese apellido)
No hubo historias de la familia, ni de odios, rencores o traumas de la niñez. No hubo casi lágrimas por recuerdos emotivos. 
Tampoco hubo miradas entre los cristales morenos de ella y los manchados de él. 

Se encontraron, esta vez, bajo la luz multicolor de los recuerdos que se cruzan cuando se piensan durante el día, al costado de un parque, a la melancolía de una pileta enamorada de sus enamorados. Deambularon por las caricias que se recorren cuándo el tiempo se les acaba y se tomaron las manos al cerrar los ojos, como durmiendo en el pecho del otro, cuando un montón de distancia los alejaba de lo físico. 

Se abrazaron a la magia del mirar la foto. 
Sonrieron mutuamente al sentir la calidez que aún perduraba en sus labios del último beso. 
Las historias los aguardan mirando de lejos, dando el paso a la historia que, juntos, construyen, con felicidad, con ansias, con temores y valientes deseos, con sonrisas, con juegos, con ojos morenos, con ojos manchados.

Y se quisieron.
Y se cantaron a la distancia:  

Amarazáia zoê, záia, záia
A hin hingá do hanhan..
Ohhh Amarazáia zoê, záia, záia
A hin hingá do hanhan...

lunes, 28 de julio de 2014

A la memoria del comienzo

No te quiero aún, solo por la precariedad del tiempo que ha pasado desde las horas en que te miré de frente, no por vez primera, pero si por primera vez para mi y nadie mas que para ti y para ambos.
No te quiero aún como alguien querría que se quisiera, al decir que nada mas que tus ojos me devuelven al brillo del mar que tanto miedo me da al tronar frente a mis pies, pero te quiero con la posibilidad de no quererme como quisiera que realmente ocurriera. Porque si te quiero y te lo digo, me arriesgo a ser querido antes del tiempo establecido por los márgenes de las memorias y las conciencias que nunca miraron de frente a través de los cristales del alma de quienes realmente deseaban sentirse queridos antes de tiempo y no lo fueron, por no aceptar caer en los impulsos del deseo y la extravagancia extraña y macabramente divina de esos enamoramientos imposibles; imposibles para ellos, claro está.
Y te converso desde mis pensamientos hasta lo tangible de tu voz que caía como acariciando la arrugada piel que ya me ataca a los veinticinco, pasando suavemente por mis labios antes del primer beso que me regalaste como por sorpresa ante mi violencia del ladrón que ataca, como la primera vez, asustado, intentando pasar desapercibido con una estrategia tan vulgar como el engaño a si mismo, sin saber que hacer cuando ha conseguido traspasar la barrera de lo que se le prohibía. Y te quiero cuando te converso, y también cuando te extraño, pero sobre todo, cuando me das la inseguridad bendita de no saber de ti y me estremeces desde las profundidades del alma que te regalo desde este jodido momento en que no estás frente a mi como realmente quisiera. Y si lo estás, pero imposibilitado del tacto, pero abriendo mas espacio a la memoria de tus besos y tus caricias y tus risas al pararte frente al lente y sonreír y posar como la más hermosa de las deseadas, haciéndome feliz por ese pequeño instante donde pude decir: y desde ahora en adelante, has quedado para mi, para ti, para ambos, por que lo que nos unió por vez primera sin ser los dos, nos hizo caer en la magia de unirnos por primera vez a la segunda, esta vez para ambos, como uno, caminando por el parque y sonriendo de lo que nos entregamos.
Para ahí, algo mas acá, no te muevas, espérame, listo. ¿Nos vamos? Bien, el último disparo, volvemos a tenernos para siempre al primer momento que fue de ambos.